UNA FORMA DE HACER

Después de 22 años de trabajo, podemos decir que tras muchos fracasos y éxitos, sobre todo de una largo aprendizaje hemos logrado un método sencillo y eficaz que mejora y regenera la tierra.

En septiembre en la viña, realizo siembras conjuntas de cereales y leguminosas anuales que trituro la segunda quincena de Mayo después de su floración. Cada año varío las simientes, hago una rotación. Al realizar un solo laboreo al año doy lugar a que un buen número de plantas silvestres acompañen a las que yo siembro, con lo cual aportan biodiversidad, riqueza. El resultado es observable: podemos coger un puñado de mi tierra y otro de la finca vecina, separados 20 metros y vemos que son muy diferentes. La sanidad de la viña es muy buena, se conforma con 0,5 kg por hectárea y año de cobre y con dos o tres tratamientos de azufre.
La composición de las cepas es: 75% tempranillo, 10% Cabernet-Sauvignon, 10% Graciano, 5% Garnacho. Es una composición adecuada para un buen vino.
Tenemos 5 hectáreas de viñedo en propiedad y actualmente trabajamos asociados con viticultores de la zona unas 16 hectáreas más. Esto ha sido posible porque los agricultores vecinos han pasado de un escepticismo inicial a una valoración positiva hacia nuestro método de cultivo y forma de hacer.